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Motivo de consulta

Alteraciones de marcha y equilibrio

Qué cambios al caminar o en el equilibrio conviene que evalúe un profesional, cuáles son urgencia y qué esperar de una evaluación.

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Cuándo no esperar

Si reconoces alguna de estas situaciones, acude a un servicio de urgencias en vez de esperar una cita. Esta lista no recoge todas las situaciones posibles: ante cualquier síntoma que aparezca de forma brusca o que te alarme, acude a urgencias.

  • Pérdida repentina de fuerza, torpeza o adormecimiento en un lado del cuerpo.
  • Dificultad brusca para hablar, boca torcida o visión doble de aparición súbita.
  • Vértigo intenso de inicio repentino que impide mantenerse en pie.
  • Pérdida de control de la orina o de las heces junto con debilidad en las piernas.
  • Adormecimiento en la zona de la entrepierna acompañado de dolor lumbar.
  • Caída con golpe en la cabeza, sobre todo si tomas anticoagulantes.
  • Fiebre con confusión o con rigidez de nuca.

¿Qué es?

Caminar parece automático, pero se sostiene sobre tres fuentes de información que trabajan a la vez: lo que ven los ojos, lo que informa el oído interno sobre la posición de la cabeza, y lo que las articulaciones y los músculos comunican sobre dónde está cada parte del cuerpo. El sistema nervioso las combina y ajusta el paso sin que tengas que pensarlo.

Cuando una de las tres falla, las otras compensan y al principio no se nota apenas. Cuando fallan dos, aparece lo que la gente describe como «me he vuelto inseguro»: buscar apoyo en la pared, mirar al suelo al caminar, encontrarse peor en penumbra o sobre suelo irregular.

Las causas son muy distintas entre sí. Puede venir de una condición neurológica, de debilidad acumulada tras un periodo de reposo, de la movilidad del tobillo, de la vista, de una alteración del oído interno o de los efectos de algún medicamento. Con frecuencia hay más de una a la vez, y ahí está la razón de evaluar antes de decidir nada: inseguridad al caminar no es un diagnóstico, es un síntoma con varias causas posibles.

Hay una consecuencia menos visible que conviene nombrar. El miedo a caerse hace que la persona salga menos, y salir menos reduce la fuerza y el equilibrio, lo que aumenta el riesgo real de caída. Esa espiral avanza en silencio y es uno de los motivos por los que conviene consultar pronto y no esperar a la segunda caída.

Qué esperar de una evaluación

Se empieza por la historia: desde cuándo, si empezó de golpe o poco a poco, si ha habido caídas o tropiezos, en qué situaciones te sientes peor, qué medicación tomas y qué has dejado de hacer por precaución.

Después se observa cómo caminas de verdad, no cómo caminas cuando te sabes observado: la longitud del paso, si un pie se arrastra, cómo giras, cómo te levantas de una silla, cómo respondes cuando el apoyo deja de ser estable. Se usan pruebas de marcha y equilibrio con puntuación, porque permiten comparar más adelante con un número y no con una impresión.

Se revisa también la fuerza de las piernas, la movilidad del tobillo y de la cadera, y el apoyo que usas, si usas alguno: su altura y su tipo cambian mucho la forma de caminar.

Si aparece algo que corresponde a valoración médica o a otra especialidad, se te dice y se te orienta hacia ella.

El resultado es un plan por etapas con objetivos concretos y medibles, ajustado a lo que quieras poder hacer: bajar tú solo al parque, moverte por casa sin apoyarte en los muebles, subir el escalón del bus. Se revisa periódicamente con las mismas pruebas del principio, para ver si el número se mueve.

Señales para consultar

  • Caminar se ha vuelto más lento o más inseguro que hace unos meses.
  • Buscas apoyo en los muebles o en la pared al desplazarte por casa.
  • Arrastras un pie, o tropiezas con desniveles que antes salvabas sin pensar.
  • Te cuesta girar sobre ti mismo, o notas inestabilidad al levantarte de la silla.
  • Has tenido una caída, aunque no te hicieras daño.
  • Has empezado a evitar salir por miedo a caerte.
  • Necesitas mirar al suelo para caminar seguro, y en penumbra te sientes peor.

Cómo lo abordamos

Preguntas frecuentes

Camino peor. ¿Es simplemente la edad?+

La edad explica que el paso sea algo más corto y más lento, pero no explica la inestabilidad, ni las caídas, ni que un pie se arrastre. Eso último tiene causas concretas —fuerza, movilidad, equilibrio, visión, medicación, alguna condición neurológica— y varias de ellas son abordables. Conviene que alguien las separe en vez de atribuirlo todo a los años.

Uso bastón. ¿Trabajar el equilibrio significa dejarlo?+

No necesariamente, y desde luego no de entrada. El apoyo que usas hoy es lo que te permite moverte con seguridad, y retirarlo antes de tiempo aumenta el riesgo de caída. Lo que sí se valora es si el apoyo es el adecuado para ti y si está bien ajustado, porque un bastón a mala altura empeora la marcha en vez de mejorarla.

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